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Hay historias que parecen demasiado extrañas para ser reales, pero justamente por eso terminan siendo aún más perturbadoras. Casos donde lo cotidiano se mezcla con lo macabro de una forma casi absurda, como si todo ocurriera bajo una normalidad engañosa. Ese es precisamente el terreno en el que se mueve The Young Poisoner's Handbook (Manual del joven envenenador, 1995).
El drama y la comedia negra se mezclan de gran manera en esta película escrita y dirigida por Benjamin Ross, y protagonizada por Hugh O'Conor, el recordado actor de la irlandesa My Left Foot (1989), en la versión infantil/juvenil de Christy Brown, personaje por el cual se consolidaría en su versión adulta el gran Daniel Day-Lewis.

La película se basa libremente en la biografía de Graham Young, un asesino en serie británico que envenenó a tres personas hasta la muerte, incluyendo a su madrastra, y años más tarde a dos colegas de trabajo, además de afectar a varios otros con distintos problemas de salud. Por su modus operandi fue apodado como “El envenenador de la taza de té”, aunque en su obsesión aspiraba a algo mucho más ambicioso: ser recordado como “El envenenador del mundo”.

Uno de los aspectos más inquietantes del caso es que Young desarrolló desde muy joven una fascinación casi obsesiva por los venenos. No se trataba de impulsos, sino de un interés metódico, casi académico. Leía, experimentaba y registraba efectos con una frialdad que hoy sigue resultando difícil de asimilar. Incluso llegó a probar pequeñas dosis en sí mismo para entender mejor sus efectos.

Otro dato poco conocido es que, tras ser detenido en su adolescencia, fue internado en un hospital psiquiátrico del cual salió años después considerado “rehabilitado”. Fue justamente en esa etapa cuando cometería sus crímenes más conocidos, trabajando además en un entorno donde tenía acceso directo a productos químicos, lo que vuelve todo aún más perturbador.
La película toma estos elementos y los presenta con un tono ágil, por momentos irónico, sin caer en el morbo ni en el exceso. Ahí está uno de sus mayores aciertos. Todo ocurre en espacios cotidianos, con una normalidad que incomoda más de lo que impacta.

Película con gran agilidad al momento de desarrollar su argumento. Destaco su fluidez, su tono engañosamente liviano y la excelente personificación de su protagonista, que sostiene el relato con una calma inquietante.
Totalmente recomendada.
¡PLAY!