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A veces hace falta ver una película mala... pero no una mala cualquiera. Me refiero a esas películas que son tan descaradamente malas, tan excesivas y tan pasadas de revoluciones, que en algún punto ocurre un pequeño milagro: terminan siendo buenísimas.

Y qué descanso más agradable resulta, de vez en cuando, alejarse de los Chalamet, los Pascal, las Johansson, Las Zendayas... y la p* que los parió. Hay días en que uno simplemente necesita monstruos de goma, litros de sangre falsa, personajes que toman las peores decisiones posibles y criaturas que aparecen sin pedir permiso.

Para eso existe Feast.

Una auténtica declaración de amor a la serie B.

Lo curioso es que esta película ni siquiera debería haber existido.

Su origen está en Project Greenlight, un concurso creado por Matt Damon, Ben Affleck, Chris Moore y Sean Bailey para descubrir nuevos realizadores. La iniciativa, que además contó con el respaldo de Miramax y la participación de Wes Craven como una de las figuras que acompañaban el proceso, buscaba darle a un director completamente desconocido la oportunidad de filmar un largometraje profesional mientras todo el camino era registrado para televisión.

El ganador fue John Gulager, un director prácticamente desconocido hasta ese momento, que terminó filmando un guion escrito por Patrick Melton y Marcus Dunstan. Curiosamente, ambos guionistas años después escribirían varias entregas de la saga Saw y crearían The Collector (2009), convirtiéndose en nombres bastante conocidos dentro del cine de terror contemporáneo.


Ese fue el verdadero nacimiento de Feast... Y vaya nacimiento.

Porque Feast jamás intenta hacerse pasar por una película inteligente. Desde el primer minuto deja claro que todo será un enorme desorden cuidadosamente planificado.

Hay muchísimo humor negro.

Hay personajes que parecen destinados a convertirse en héroes... y duran apenas unos segundos antes de morir de la forma más absurda imaginable. De hecho, uno de los mejores chistes de la película consiste precisamente en reírse de todas las reglas que Hollywood nos enseñó durante décadas sobre quién vive y quién muere.



Hay situaciones completamente ridículas, diálogos delirantes y, por supuesto, litros y litros de sangre. Cuando uno cree que ya no puede aparecer una gota más, la película encuentra la manera de seguir salpicando la pantalla.

El trabajo actoral tampoco merece ser juzgado bajo parámetros demasiado serios. Todos los actores entienden perfectamente el tipo de película en la que están participando y abrazan ese tono autoparódico sin ninguna vergüenza. Y justamente ahí está buena parte de su encanto.

Mientras veía Feast no podía dejar de pensar en una extraña mezcla entre Critters y Alien. Imaginen a los bichos de Critters, pero cruzados con la agresividad y la obsesión reproductiva de los xenomorfos de Alien. Porque estas criaturas no solo llegan para despedazar todo lo que encuentran a su paso: además están en pleno celo, buscando reproducirse de la manera más grotesca posible. Lo mejor es que uno nunca termina de saber de dónde carajos salieron. ¿Son extraterrestres? ¿Mutaciones? ¿Experimentos? Da exactamente lo mismo. La película jamás pierde tiempo intentando explicarlo, porque su única preocupación es que los protagonistas sobrevivan... si es que pueden.



Hace muchos años leí un artículo donde varios especialistas en efectos especiales explicaban algunos trucos para esconder las limitaciones de un monstruo cuando simplemente no había presupuesto suficiente para construir uno realmente convincente.

Uno de esos recursos consistía en jugar con la iluminación: muchas sombras, fuertes contrastes y mostrar siempre menos de lo que realmente había. Otro era utilizar una cámara inquieta, con planos rápidos y movimientos bruscos, permitiendo que fuera el espectador quien completara mentalmente aquello que apenas alcanzaba a distinguir.

Feast utiliza todos esos trucos... y los utiliza bastante bien.

Porque, aunque el presupuesto era reducido, el diseño de las criaturas funciona sorprendentemente. Nunca llegan a verse completamente falsas, precisamente porque la fotografía entiende cuáles son sus limitaciones y juega constantemente a favor de ellas.

Otro detalle que siempre me ha gustado es que gran parte de los efectos son prácticos. En una época donde el CGI comenzaba a invadir prácticamente todo el cine de terror, Feast todavía apostaba por maquillaje, prótesis, sangre falsa y efectos físicos. Esa decisión le entrega una textura muy particular que, veinte años después, incluso envejece mejor que muchas producciones digitales con bastante más dinero detrás.

Por supuesto, la película toma referencias de todas partes. Hay ecos de Alien, de The Thing, de From Dusk Till Dawn, de Tremors, de Evil Dead y de prácticamente cualquier película donde un grupo de desconocidos queda encerrado intentando sobrevivir a una amenaza imposible. Original no es. Pero tampoco pretende serlo.



Lo que sí consigue es recuperar ese espíritu desvergonzado de la vieja serie B de los años ochenta, cuando lo importante era entretener, sorprender y hacer disfrutar al espectador sin pedir disculpas por el exceso.

Feast terminó convirtiéndose en la primera parte de una trilogía, seguida por Feast II: Sloppy Seconds y Feast III: The Happy Finish, ambas rodadas casi de inmediato aprovechando el pequeño éxito que obtuvo entre los fanáticos del género.

¿Vale la pena ver las tres?

Para mí, sinceramente, no.

Con esta primera parte quedo más que satisfecho. Funciona perfectamente como una película independiente, tiene el equilibrio justo entre humor negro, gore y criaturas memorables. Las secuelas llevan todo mucho más al extremo, pero también pierden buena parte de la frescura que hace tan entretenida a la original.

Pero bueno... gustos para cada cual. Lo dije hace años y lo sigo pensando exactamente igual: No se la tomen en serio. Porque Feast tampoco lo hace.

Es una película completamente olvidable si uno busca profundidad o grandes ideas, pero tremendamente entretenida cuando simplemente se deja llevar por el caos. Una de esas raras ocasiones en que las limitaciones terminan convirtiéndose en una virtud y donde el humor más negro, el exceso y la falta absoluta de vergüenza consiguen devolvernos, aunque sea por noventa minutos, ese maravilloso espíritu del cine de serie B que tanto echamos de menos.

Totalmente recomendada.

💢💢💢

Esta vez voy a hacer trampa. 😞 Como muy pocas veces lo he hecho en Cine de Medianoche, tendré que dejarles un enlace externo para que puedan verla.

¿La razón?

Curiosamente no encontré ninguna copia subtitulada dando vueltas por Internet. Y las mías... bueno, las tres copias que tenía alojadas desde allá por el 2006, terminaron desapareciendo con el paso de los años, víctimas de las eternas limpiezas de enlaces y reclamos de copyright. Una lástima, porque llevaban años salvándole la tarde a más de algún fanático de la serie B.

Pero bueno... Si en algún momento vuelvo a subtitular Feast, editaré esta misma publicación y les avisaré por los canales habituales para volver a dejarla disponible como corresponde.

De todas maneras, estuve revisando y parece que actualmente puede encontrarse en plataformas como Stremio, XuperTV y algunos servicios de streaming similares.

Así que, por esta vez... habrá que conformarse con eso. 😉


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