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Publicado originalmente el 14 de julio del 2018.
Nota: Esta entrada se enfoca sólo en la película original Critters (1986) y sus vínculos históricos; no trata las producciones modernas. Para referencia rápida, la serie reciente es: Critters: A New Binge – estreno (Shudder, EE. UU.): 21 de marzo de 2019. Otras continuaciones como el largometraje Critters Attack! – 13 de julio de 2019 – se abordarán en otra nota.



Un asedio nocturno en una granja de Kentucky en 1955; un guion fantasma de Spielberg que jamás llegó a rodarse; criaturas peludas devorando pollos; gremlins traviesos, un extraterrestre tierno, poltergeists televisivos y señales en los maizales décadas después. Lo que parece un mosaico disperso comparte un mismo latido: un caso ufológico extraño que filtró sus rasgos, mutó y fermentó silenciosamente hasta modelar parte del fantástico ochentero. Esta entrada desentierra la cadena invisible que une Critters, Gremlins, E.T., Poltergeist, Signs… y hasta un cortometraje moderno y un cómic chileno olvidado.



La noche de Kentucky que lo encendió todo (Kelly–Hopkinsville, 1955)

21 de agosto de 1955, casi las 7 PM. En una modesta granja entre Kelly y Hopkinsville (Kentucky) se hallaban la familia Sutton (ocho adultos y tres niños) y un amigo: Billy Ray Taylor. Billy sale a por agua al pozo y observa un objeto metálico brillante flotando sobre la propiedad antes de perderse tras un valle. Vuelve agitado, cuenta lo visto… y nadie le cree.

Minutos después el perro de la familia ladra frenético y termina escondiéndose bajo la casa. Billy Ray y Lucky Sutton salen a inspeccionar: detectan un resplandor móvil tras un matorral; de allí emerge una criatura humanoide de menos de un metro, orejas puntiagudas enormes, ojos que irradian una intensa luz amarilla. Corren, toman una escopeta y un revólver, regresan, disparan a quemarropa. El ser se echa hacia atrás emitiendo un ruido metálico, huye.

A partir de ahí se desencadena un asedio de casi cinco horas. Los adultos Elmer “Lucky” Sutton y el propio Billy Ray aseguran haber disparado contra “doce o quince” figuras pequeñas que se acercaban a la entrada o los espiaban por las ventanas, apareciendo y reculando con movimientos que desafiaban su comprensión. Finalmente la familia alcanza la estación de policía de Hopkinsville para denunciar lo sucedido.

Acuden al lugar cuatro policías locales, cinco estatales, tres alguaciles y cuatro policías militares de Fort Campbell. Sólo hallan agujeros de bala y vidrios dañados. Al amanecer, vecinos cuentan que la familia “empacó y se fue” tras asegurar que las criaturas regresaron a las 4:00 AM.

El caso —ya una pieza clásica de la ufología— recibe cobertura amplia en prensa local y nacional. Para los escépticos posteriores (psicólogos y psiquiatras) aquello habría sido histeria colectiva y las criaturas no serían más que… búhos atacando la casa. ¿Búhos que resisten múltiples impactos a quemarropa y revientan ventanas? Juzga tú.

Del corral sitiado al imaginario pop

¿Por qué importa este episodio para el cine fantástico? Porque su iconografía (granja aislada + familia sitiada por pequeñas entidades de orejas puntiagudas, ojos luminosos y manos “en garra”) se infiltra silenciosamente en varios desarrollos creativos posteriores.

El escritor y estudioso Bruce G. Hallenbeck ha subrayado similitudes entre Critters y el caso Sutton: escenario rural aislado, irrupción de pequeñas criaturas nocturnas y primeros contactos tensos muy parecidos. Stephen Herek jamás lo confirmó; sí aclaró que Critters se escribió antes del estreno de Gremlins (1984), eterno punto de comparación que generó acusaciones de copia o parodia.

Pero Gremlins también entronca con ese linaje: orejas puntiagudas, ojos brillantes, dualidad inocuo/amenazante. Y allí entra el gran catalizador: Steven Spielberg.

Spielberg frente a los visitantes: de Close Encounters a Night Skies

A fines de los 70, Spielberg se hallaba profundamente volcado en la investigación OVNI para Close Encounters of the Third Kind (estrenada 1977). Así se topa con el dossier Sutton y se obsesiona lo suficiente como para idear, después del estreno, un nuevo proyecto: Night Skies (título que inicialmente fue Watch the Skies).

Columbia Pictures quería una secuela de Close Encounters, pero Spielberg no deseaba repetir; prefería anticiparse para que el estudio no explotara su propiedad sin él (como Universal hizo con Jaws). Concebirá entonces una película de terror que mezclara el aura de Close Encounters con la estructura de “asedio familiar” del caso Sutton.

El concepto mutante de Watch the Skies / Night Skies

Primer boceto: once científicos extraterrestres que realizaban experimentos en la Tierra buscando animales más sensibles al dolor, desviando luego su atención hacia una familia —a la que acosan, secuestran animales y examinan.

Circuló un mito urbano: Spielberg habría pagado a la NASA una costosa reserva para el vuelo inaugural del Transbordador Espacial de 1980 con la idea de filmar Tierra y Luna para la secuencia de apertura. No prosperó y, además, Spielberg ya estaba comprometido con Universal para dirigir Indiana Jones: Raiders of the Lost Ark (1981).

 Guionistas, ecos y tensiones

Spielberg quiso a Lawrence Kasdan, ocupado con The Empire Strikes Back. Recurre entonces a John Sayles (autor de Piranha de Joe Dante, cariñosa parodia de Jaws). El primer —y único— borrador de Sayles (mediados de 1980) reduce de once a cinco alienígenas. Uno es benévolo y entabla amistad con un niño autista de la familia. Los otros matan animales con un largo dedo óseo luminoso. Al irse, abandonan al compañero amable. (Ya percibes el embrión.)

Algunos definieron ese libreto como un “Straw Dogs con aliens”; Sayles alegaba inspiración en Drums Along the Mohawk (1939). Spielberg sugiere al director Tobe Hooper (The Texas Chain Saw Massacre) para dirigir tras su regreso del rodaje de Raiders. Y convoca al maestro de efectos Rick Baker (en paralelo ocupado con An American Werewolf in London) para diseñar criaturas. Baker produce un protótipo funcional del alien principal por $70,000 e invierte en total $700,000 en modelos y animatrónica.

El giro emocional: nace E.T.

En el set tunecino de Raiders, Spielberg lee un reelaborado relato (apoyado parcialmente en Sayles) a Melissa Mathison (guionista, pareja de Harrison Ford). Ella llora: la idea de un extraterrestre tierno, dulce y emocional contracorriente del terror de moda (tras el éxito de Alien, 1979) la conmueve. Spielberg regresa, entierra Night Skies y se vuelca en ET and Me, título que se transformará en E.T. the Extra-Terrestrial.

Conflicto colateral: la ruptura con Rick Baker. Para E.T. el diseño lo asumirá Carlo Rambaldi (ya colaborador en Close Encounters). Años después, el resto es historia de taquilla… y de denuncias de plagio (material para otra futura entrada).

El legado subterráneo de un film que nunca existió


Aunque Night Skies jamás se filmó, su “ADN” irrigó varias obras:

E.T. (1982)
: cristaliza la figura del alien amistoso abandonado, surgida directamente del contraste planteado en el borrador de Sayles.

Poltergeist (1982): escrita (y fuertemente producida) por Spielberg, dirigida por Tobe Hooper, retoma la idea de familia suburbana/familiar asediada —trasplanta el asedio “Sutton” a un contexto paranormal.

Gremlins (1984)
de Joe Dante (producida por Spielberg): dualidad criatura adorable / horda malévola, morfología (orejas, ojos, manos) emparentada con descripciones Sutton. Un guiño explícito aparece en la marquesina del cine dentro de Gremlins anunciando A Boy’s Life (uno de los working titles de E.T.) y Watch the Skies.

Critters (1986)
: aunque escrita antes de Gremlins (según su equipo), comparte la estructura de gran familia rural vs. irrupción de intrusos pequeños —paralelo señalado por Hallenbeck.

Signs (2002)
de M. Night Shyamalan: retoma el arquetipo visual-narrativo de granja aislada + familia bajo cerco extraterrestre que se remonta al caso de 1955.

Así, Critters, Gremlins, E.T. y Poltergeist (y más tarde Signs) sí están unidas por un hilo aparentemente excéntrico: aquella noche en Kentucky.

¿Qué pasó realmente en Kentucky?

Los Sutton jamás lograron probar su experiencia y terminaron desacreditados por especialistas que propusieron la hipótesis de “histeria colectiva” + “búhos agresores”. ¿Cuántos disparos (hubo impactos reales) se necesitan para ahuyentar simples aves? Las preguntas abiertas alimentan la mística. La explicación “búhos” —para muchos— suena forzada; para otros, basta. El caso, guste o no, se consolidó como uno de los expedientes ufológicos más citados en la cultura popular estadounidense.

La prolongación moderna: Critters: Bounty Hunter (2014)

A modo de puente hacia futuras secuelas, en 2014 se estrena el cortometraje “Critters: Bounty Hunter”, escrito, dirigido y protagonizado por Jordan Downey. Dura seis minutos, ofrece una calidad técnica sorprendente y, aunque no expande demasiado la mitología, funciona como regalo nostálgico para fans que ya no esperaban nada nuevo de la saga.

ARCHIVO ONLINE

Apéndice de 2018: cuando Doctor Mortis visitó Kentucky

(Entrada editada el 21 de noviembre de 2018).

La historia se niega a morir. Revisando viejos cómics chilenos de “El Siniestro Doctor Mortis”, apareció un número con una sección dedicada al caso Sutton. El propio Juan Marino (creador de Doctor Mortis) escribe la adaptación y el artista Manuel Rojas la ilustra. Son siete páginas, versión muy libre, pero el hallazgo resultó inesperado y fascinante, razón suficiente para anexarla a esta publicación.




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Epílogo: ecos que persisten

De un relato rural de 1955 a una constelación de películas que moldearon el imaginario fantástico de los 80 y más allá: la cadena es menos lineal que inspiracional, una difusión capilar de motivos (la casa sitiada, lo pequeño y aparentemente risible que deviene terror, la mezcla de ternura y amenaza, la intimidad familiar fracturada por lo “otro”). Night Skies nunca existió, pero dejó huellas profundas: catalizó E.T., propició Poltergeist, reforzó parámetros para Gremlins, refractó la lectura crítica de Critters y resonó en propuestas posteriores como Signs.

Y cada tanto —ya ves— reaparece en un cortometraje homenaje o en las páginas amarillentas de un cómic chileno. La cultura pop vive de esos ecos laterales.

¿Será este el cierre definitivo de la publicación? De momento, lo dejamos en un fundido a negro… con ruidos metálicos en el jardín.