He habilitado un canal en WhatsApp para dar avisos sobre nuevas publicaciones, enlaces reparados y actualizaciones del blog. Información puntual. 👉 Únete aquí: Canal en WhatsApp

Si disfrutás el contenido del blog y quieres ayudar a que siga creciendo, te invito a conocer mi otro proyecto creativo en Patreon. Tu suscripción me permite dedicar más tiempo y energía tanto a la creación visual como también a Cine De Medianoche. 👉 Únete aquí: Patreon


 
Hace apenas unos minutos me enteré del fallecimiento de la enorme Catherine O’Hara, a los 71 años. Una noticia tan sorpresiva como triste. Ella formó parte de esa generación de comediantes que siempre admiré y que moldearon mi amor por el humor: Steve Martin, Chevy Chase, Bill Murray, Dan Aykroyd, y los inolvidables John Candy, Harold Ramis y Jim Belushi, entre otros grandes talentos que marcaron época.


Dentro de su carrera es imposible no mencionar clásicos como Home Alone (Mi Pobre Angelito) o Beetlejuice, películas con las que se volvió una figura querida por varias generaciones. Catherine tenía algo especial: podía ser exagerada, absurda o caótica, pero siempre lograba ser auténtica y memorable. Incluso en papeles pequeños, se las arreglaba para quedarse en la mente del espectador.

Hoy, como pequeño homenaje (al modo de Cine de Medianoche), quiero compartir una película, pero no una de las típicas, sino de una que ya mencioné alguna vez en el blog y por la que siento un cariño particular: After Hours (1985), la comedia nocturna de Martin Scorsese. Una historia disparatada sobre una noche que se vuelve cada vez más extraña, protagonizada por Griffin Dunne, acompañado por Rosanna Arquette, Linda Fiorentino, Verna Bloom y, por supuesto, Catherine O’Hara, quien ya demostraba ahí su gran talento para la comedia y su capacidad para brillar incluso en medio del caos.

La película sigue a un hombre común atrapado en una noche interminable por Nueva York, donde todo sale mal y cada encuentro es más raro que el anterior. Tiene humor, situaciones absurdas, un ritmo inquieto y una sensación constante de que nada está bajo control. A eso se suma la música de Howard Shore, que aporta un tono nervioso y extraño, ayudando a que la noche se sienta aún más caótica y surreal.

Entre algunos datos curiosos: fue hecha con un presupuesto relativamente bajo para Scorsese, lo que le dio un aire más simple y callejero. Muchas escenas se filmaron de noche real para reforzar esa sensación de cansancio e insomnio. Durante años fue considerada una película menor dentro de su filmografía, hasta que con el tiempo se convirtió en un clásico de culto. Incluso ha influido a otros directores interesados en mezclar humor raro con situaciones casi pesadillescas.

En After Hours, Catherine O’Hara ya mostraba lo que siempre fue: una actriz capaz de hacer que lo absurdo resulte brillante, de darle personalidad a cualquier personaje y de convertir momentos pequeños en escenas inolvidables.

Hoy la despedimos, pero su legado, su humor, su carisma y su talento, seguirá vivo en cada una de sus películas.


¡PLAY!