He habilitado un canal en WhatsApp para dar avisos sobre nuevas publicaciones, enlaces reparados y actualizaciones del blog. Información puntual. 👉 Únete aquí: Canal en WhatsApp

Si disfrutás el contenido del blog y quieres ayudar a que siga creciendo, te invito a conocer mi otro proyecto creativo en Patreon. Tu suscripción me permite dedicar más tiempo y energía tanto a la creación visual como también a Cine De Medianoche. 👉 Únete aquí: Patreon


   

¿Me creerías si te digo que esta publicación la tengo pendiente desde el estreno de The Last of Us? Sí… (más vale tarde que nunca), es que una de las más grandes inspiraciones para el argumento del videojuego (y posterior serie) fue Matango (1963), una película japonesa dirigida por Ishirō Honda. Y no, no es una exageración ni una asociación forzada: los hongos ya estaban ahí, mucho antes de que se volvieran tendencia.

Estrenada en 1963 por Toho, Matango, también conocida en Occidente como Attack of the Mushroom People o Fungus of Terror, es una rareza fascinante dentro de la filmografía de Honda. Un director que solemos asociar automáticamente con Godzilla, Mothra y los grandes kaiju, pero que acá se corre por completo de ese lugar. No hay monstruos gigantes arrasando ciudades. Hay algo mucho más incómodo: la lenta descomposición del ser humano, física y moral, aislado del mundo.

La película toma como punto de partida el inquietante cuento “La voz en la noche” de William Hope Hodgson, publicado en 1907, y lo expande hasta convertirlo en un experimento social claustrofóbico. Un grupo de personajes muy distintos entre sí naufraga en una isla aparentemente desierta tras una tormenta. Agua hay. Refugio también. Y hongos. Muchos hongos. Demasiados.

Desde el comienzo, Honda deja claro que esto no va por el lado de la aventura. La isla está viva, húmeda, enferma. Los hongos son enormes, carnosos, casi obscenos. Aunque se advierte que podrían ser venenosos, el hambre, la desesperación y el ego empiezan a pesar más que la razón. Lo más perturbador de Matango no es la transformación física, que llega y de forma memorable, sino cómo los personajes ya se han vuelto monstruos mucho antes de mutar.

Hay traiciones, violencia, egoísmo puro, abuso de poder y una sensación constante de que la civilización es apenas una capa finísima que se cae cuando faltan las comodidades. Honda, que vivió de cerca el trauma de la guerra y las bombas atómicas, carga la película de subtexto. La mutación como consecuencia de la radiación, la adicción como metáfora y la deshumanización como resultado inevitable del encierro y la supervivencia.

No es casual que Matango estuviera a punto de ser prohibida en Japón. Algunos maquillajes recordaban demasiado a las víctimas de Hiroshima y Nagasaki. El horror corporal acá no es fantástico. Es histórico, real y profundamente incómodo. Visualmente, la película es austera pero potentísima, con una paleta de colores enfermiza y una dirección artística que refuerza esa sensación constante de decadencia. Nada resulta acogedor. Nada invita a quedarse.

El final, melancólico y ambiguo, termina de cerrar la idea central. Quizás no somos tan distintos de las criaturas en las que tememos convertirnos. Y ahí es donde Matango conecta directamente con obras posteriores. Desde The Last of Us hasta el body horror japonés más extremo, pasando por ecos claros de La invasión de los ladrones de cuerpos, esta película dejó una huella silenciosa pero profunda.

Las curiosidades acompañan su estatus de culto. Steven Soderbergh quiso hacer una remake y no pudo cerrar trato con Toho. John Carpenter es fan declarado, aunque rechazó dirigir una nueva versión. Nicolas Cage la adora. El propio Akira Kubo, protagonista del film, dijo que fue su película favorita de todas las que hizo. Durante décadas estuvo prácticamente desaparecida, circulando en versiones recortadas para televisión, hasta que su edición en DVD y Blu-ray permitió redescubrirla como corresponde.

Matango no es una película cómoda, ni rápida, ni complaciente. Es lenta, densa, pesimista y extrañamente bella. Una de esas obras que crecen con los años y que, vistas hoy, resultan más actuales que nunca. Porque al final, más allá de los hongos, el verdadero terror sigue siendo el mismo. Lo fácil que es perder lo humano cuando todo alrededor se viene abajo.

Si nunca la viste, este es el momento. Y si la viste hace años, quizás sea hora de volver a esa isla, aunque sepamos que no hay regreso. 🍄

 
¡PLAY!


Como complemento, también comparto el cuento original de William Hope Hodgson, “La voz en la noche”, en PDF. Es corto, perturbador y deja claro que la semilla de Matango ya estaba ahí desde principios del siglo XX.


EBOOK (PDF) ⬤ DESCARGAR EL ARCHIVO AQUÍ 👈